Por qué añadir otra herramienta casi nunca resuelve el problema
Cada herramienta nueva resuelve una tarea y añade una frontera. La cuenta que nadie hace es cuántas fronteras tiene ya tu operación.
Sustituir una herramienta que funciona tiene un coste que casi nunca se calcula: el del equipo que ya sabía usarla.
Una migración es cara incluso cuando sale bien. Cuesta formación, cuesta errores durante la transición y cuesta la confianza del equipo que la vive.
La alternativa razonable es conectar primero y decidir después, con datos, qué merece sustituirse.
Casi siempre resulta que el problema no era la herramienta, sino que estaba sola.
¿Qué parte de tu operación debería funcionar mejor?